Ojefer o las ideas que no cesan

Escrito por el 02/11/2025

Las historias familiares-empresariales con décadas de trayectoria suelen ofrecer orígenes amparados en personajes con enormes capacidades de imaginar, crear y resolver; habitualmente de forma muy autónoma. A ello, cabe sumar tiempos de oportunidades no exentos de dificultades en aquel país nuestro, mediado el siglo pasado. Valga este principio, más empírico que discutible, para aproximarnos a la historia de Ojer Ferrer (Ojefer), empresa con origen en Almacellas y ahora con doble sede; la misma localidad leridana y Altorricón. Su quehacer va de soluciones constructivas para granjas de porcino, principalmente, y vacuno, aunque el foco de venta no deja de abrir posibilidades de negocio dentro del mismo sector. Comenzó el abuelo, siguieron el hijo y el yerno, y ahora ya en tercera generación encontramos a las hermanas María y Claudia Ojer Ferrer. Dos ingenieras, Aeronáutica y Química, respectivamente, en tierra conocida si nos atenemos al hilo familiar; no tanto a tenor de las formaciones superiores que presentan. Pero las voluntades de querer, unidas a sus competencias intelectuales, pueden con distancias salvables, sectores por descubrir y objetivos que vuelan ilusiones. Y en ello están…

 

María y Claudia Ojer, tercera generación al frente de Ojefer

 

Ojefer, acrónimo libre entre los apellidos familiares Ojer y Ferrer, suma unos sesenta y cinco años de historia si nos remontamos al origen de todo con el abuelo inventando allí donde cabía una opción de mejorar. Ya dejó evidencia de la capacidad que tenía para adelantarse a su tiempo. Era un hombre polifacético y como tal, solución posible a interrogantes varios y domésticos: eléctrico, fontanero, albañil… e “inventor” de formas para que los animales, entonces normalmente en el patio o pequeño almacén de casa, pudieran gestionarse mejor a nivel de cuadra – tenía cerdas en casa y hacía su «granja» a mano-. Pensó que podía ir más allá, prefabricando esos minicorrales y ayudando a otros granjeros con su idea. Les vendía las piezas, hechas con moldes de madera, y de eso modo les ahorraba tiempo y trabajo de albañilería. Así comenzó todo, siguió con el hijo y el yerno –padre de María y Claudia-. La segunda generación fue la fundadora de Ojefer en la década de los años ochenta; primero con oficinas y almacén productor en Almacellas, y desde 1997 con doble sede dejando administración, finanzas, departamento comercial, ingeniería y tecnología en la localidad almacellense y toda la producción y logística en sus instalaciones de Altorricón. Ambas direcciones no podían tener una mejor ubicación; punto intermedio entre las dos provincias españolas con mayor nivel de explotaciones porcinas y de crecimiento, casi exponencial, en los últimos cuatro lustros. Todo, perfectamente pensado y diseñado para abrir paso a la tercera generación con evidente carácter femenino. María es ingeniera Aeronáutica. Antes de volver a casa en 2017 estuvo trabajando en Airbus durante siete años. Claudia es ingeniera Química. Decidió hace un año implicarse profesionalmente en la empresa familiar, después de experimentar en su competencia formativa, y en distintos proyectos, durante varios años en la capital de España: «La formación te da unas habilidades y herramientas que son importantes en cualquier ámbito profesional. En el trabajo diario, y en mi caso, lo que estudié en la carrera y lo que apliqué en Airbus poco tenía que ver», comenta María. Sobre el cambio de la capital al pueblo, las adaptaciones se viven de manera distinta; Claudia no cree en un espacio mejor que el otro, sino más bien distintos. María, sin embargo, sí piensa que el pueblo mejora la ciudad: «Siempre he sido muy de pueblo. Han sido varios años entre Barcelona y Madrid, pero yo echaba de menos la tranquilidad, el aire limpio…».

Inicialmente, Ojefer se presentó en el mercado con prefabricados de hormigón y desarrollo de sistemas tecnológicos con destino al sector agroganadero, de la construcción y medioambiente. Pero el valor añadido que ha ido desarrollando la empresa a lo largo de los años, es el diseño y fabricación de la maquinaria y los moldes de las piezas que prefabrican. Diseñan y desarrollan para sus propios procesos, además de ofrecer los mismos a sus clientes con adaptaciones a medida de la necesidad que tenga cada cual. “Tenemos clientes que nos hacen mejores. Cuando vienen a vernos, no les vale cualquier cosa, y eso nos ayuda a innovar». El sector primario-ganadero es el quehacer principal de Ojefer -en torno al 90 %, de su producción-; el 10 % restante lo completan trabajos en mobiliario urbano para ayuntamientos o piezas especiales para plantas de compostaje. La maquinaria y moldes son ingeniería y fabricación propia. Como prueba de la actualización permanente en sus diseños, la introducción de IA (Inteligencia Artificial) empieza a ser un hecho probado en un trabajo de innovación que están llevando a cabo con el apoyo del EureCat (Centro Tecnológico Catalán); el ITA (Instituto Tecnológico de Aragón) sería su homónimo en nuestra comunidad.

Dentro del prefabricado, sí que estudian la parte de producto que puede dar el salto a industrial o naves agrícolas. Su especialidad es la parte constructiva interna en naves de porcino. La estructura externa es una vía que está por desarrollar y en ello andan con ampliaciones en las instalaciones de Altorricón para poder dar un servicio completo al cliente. «Ese camino que estamos emprendiendo es, precisamente, para intentar abrirnos hacia otros ámbitos como el industrial». La especificidad de Ojefer en el prefabricado interior para granjas, les conduce a las cavilaciones diarias con objeto de mejorar procesos y productos. Para ello, y desde hace unos 13 años, trabajan con proveedores tecnológicos canadienses, importando soluciones que redondean unas instalaciones al detalle: por ejemplo, dosificadores electrónicos para alimentación electrónica de precisión o el aporte de pienso a los cerdos en virtud de su necesidad y a través de un dosificador, que activa el propio animal a través de unos sistemas magnéticos. Paralelamente, todo ese dispositivo electrónico habilita una suma de datos al ganadero sobre cada animal que, en ocasiones, puede adelantar afecciones de salud. La digitalización como complemento al servicio de una instalación prefabricada que incide en la eficiencia de la explotación, y que cada día supone más en el volumen de negocio de la empresa. Esta vía de servicios a los clientes, ha venido introducida por el padre de María y Claudia y sus continuos viajes y cavilaciones en torno a la mejora y eficiencia de la explotación. La innovación como estimulo para avanzarse a lo aceptado e instalado con el objetivo de mejorar rendimientos de sus clientes, y por tanto cuentas de explotación.

Lo siguiente: comercio electrónico
Es uno de los proyectos de futuro a corto plazo que se centrará, en primera instancia, en todo el producto que con diseño propio podrían exportar a países del en torno como Francia, Portugal o Italia – rejillas de plástico, equipamiento galvanizado y de acero inoxidable, tolvas de alimentación, diseño bebederos, sistemas de ventilación- igual para porcino que para vacuno. De hecho, y apoyados en 333corporate, marca líder de los profesionales del porcino, ya están introduciendo productos en ese escaparate virtual. «La idea es crear nuestra propia página y poder llegar más lejos», señala Claudia, mientras admite la necesidad de trabajar redes -Instagram o LinkedIn- como puerta de entrada a un universo extraordinario que ya está dejando señales de negocio en la empresa: “Líneas de máquinas diseñadas y producidas por nosotros han sido vendidas a países como Vietnam o China. Son clientes que necesitan producir rejillas y no tienen sistemas de producción para hacerlo. Ahora estamos en negociaciones con Paraguay o Colombia». María y Claudia no dudan en señalar la senda digital y virtual como clave de negocio en los próximos años, sin dejar de alimentar el origen local de la empresa: “Este es un camino muy interesante que ahora requiere por nuestra parte de una inversión en redes digitales. Tenemos que seguir mostrando lo que hacemos, porque los clientes que nos han ido llegando desde otros continentes han sido gracias a lo que ahora mismo tenemos en Instagram y LinkedIn».

Ojefer es prueba inequívoca del desarrollo que el sector primario ha ejercido sobre la comarca. Ejemplo también de cómo una empresa adapta su camino a los tiempos que no esperan. Y lo hace a través de un equipo indispensable de 70 personas, aupados en la innovación continuada; todo ello, antónimo del acomodo o principio del ocaso empresarial.


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